Getxo no es un sitio para visitar con prisas, ni un destino que se pueda definir con una sola pincelada; su verdadera magia reside en la armonía de sus contrastes. Es un municipio que se siente vivo gracias a esa mezcla perfecta de ambientes, donde cada rincón aporta un matiz diferente a una identidad común.
Es un municipio de contrastes muy marcados. Aquí, la elegancia, la tradición marinera, el espíritu joven y la calma de la naturaleza se dan la mano a través de sus cinco grandes pilares:
Las Arenas: Con su aire señorial y el icónico Puente Bizkaia como estandarte.
Romo: Lleno de vida, dinamismo y ese carácter cercano que lo hace único.
Algorta: Tradición viva, con sus callejuelas del Puerto Viejo y su ambiente inconfundible.
Neguri: Un paseo por la arquitectura más espectacular frente a la costa.
Andra Mari: El pulmón verde, donde el sosiego y los acantilados marcan el ritmo.
Cinco barrios, cinco personalidades y un solo destino donde siempre hay algo nuevo que disfrutar.
Así se disfrutan 24 horas en Getxo:
Mañana: Naturaleza y origen en Andra Mari
Puedes empezar el día por Andra Mari, el núcleo más antiguo del municipio. Aquí todavía se respira tranquilidad, caseríos dispersos y ese aire de zona residencial que mira al mar.
Opción 1: Aizkorri y el búnker escondido
Baja a la Playa de Aizkorri (Gorrondatxe). Es la playa más natural de Getxo: sin paseo marítimo, sin edificios encima, solo dunas, arena oscura y mar abierto.
Si caminas hacia los acantilados, encontrarás los restos de un búnker de la Guerra Civil casi camuflado en la roca. No está señalizado de forma espectacular, pero forma parte de esa historia silenciosa que guarda la costa.
Las vistas del Abra desde aquí, sobre todo en invierno cuando el mar está más bravo, impresionan.
Opción 2: La Galea y el molino inesperado
Otra alternativa es recorrer los acantilados de La Galea hasta el Molino de Aixerrota. Pasarás junto al fuerte y el faro, con un paisaje muy abierto y limpio.
Curiosidad: el molino se construyó en el siglo XVIII durante una gran sequía. Como los molinos de agua no funcionaban, se levantó uno de viento, inspirado en los manchegos. Y ahí sigue, frente al Cantábrico, completamente fuera de contexto… y precisamente por eso tan especial.
Mediodía: Algorta y el ritual del Puerto Viejo
A la hora del aperitivo, el punto de encuentro suele ser el Puerto Viejo de Algorta (Portu Zaharra).
Casas blancas de pescadores, escaleras que hacen de terraza improvisada y bares pequeños donde siempre hay ambiente. Aquí el plan no es sofisticado: rabas, magurios (caracolillos), un zurito o un txakoli y conversación al sol si el día lo permite.
El Puerto Viejo es también el lugar donde nació el kalimotxo en 1972, durante las fiestas. Si quieres sumergirte en la historia y saber más de este bonito rincón marinero, no te pierdas nuestra sección dedicada al Puerto Viejo.
Después puedes subir hacia el centro de Algorta, por la calle Basagoiti. El ambiente cambia: más comercio, más movimiento, más cuadrillas de poteo.
💡 Curiosidad local: A los de Algorta se les conoce cariñosamente como ‘Guaitos’. La teoría más fiel y arraigada explica que el guaito es un pez chiquitín, parecido a la babosa y de gran boca, que abundaba en el Puerto Viejo; el término se adoptó como gentilicio por la fanfarronería que caracteriza a los del pueblo, siempre ‘echados para adelante’. Como versión secundaria, existe una teoría que apunta a la influencia inglesa, sugiriendo que proviene del ‘wait out’ que gritaban los prácticos al esperar a los barcos, aunque hay quien prefiere la versión poética que dice que el nombre imita el canto de las aves que sobrevuelan nuestra costa.
Tarde: El paseo que explica los contrastes
Neguri, Las Arenas y el Puente
Desde la playa de Ereaga puedes recorrer el paseo de las Grandes Villas, en Neguri. Son palacetes levantados por la burguesía industrial de finales del siglo XIX y principios del XX. Arquitecturas llamativas, jardines amplios y mucha historia ligada al desarrollo económico de Bizkaia.
El paseo continúa hasta el Puente Bizkaia: Inaugurado en 1893, fue el primer puente transbordador del mundo y hoy es Patrimonio de la Humanidad. No solo conectaba dos orillas: conectaba también dos realidades sociales muy distintas. Arriba podían pasar los barcos rumbo a Bilbao; abajo, la gente cruzaba en la barquilla.
Si no tienes vértigo, subir a la pasarela es una experiencia muy recomendable. Las vistas del Abra y la desembocadura de la ría ayudan a entender la importancia estratégica de esta zona.
Después puedes pasear por Las Arenas, más urbana y elegante, con comercios y bastante ambiente a media tarde.
Romo y las Casas Baratas
Desde Las Arenas, cruza hacia Romo. El contraste es evidente y forma parte de la identidad del municipio.
Aquí se encuentran las conocidas “Casas Baratas”, viviendas construidas a principios del siglo XX para trabajadores que daban servicio a las familias acomodadas de Neguri y Las Arenas. De estilo inglés, con tejados inclinados y pequeñas terrazas, son un ejemplo muy reconocible de vivienda obrera planificada.
Ese origen marcó el carácter del barrio. Romo tiene una identidad fuerte, muy suya, y se nota paseando por sus calles.
Por la tarde empiezan a llenarse las terrazas y el ambiente su ambiente especial de barrio.
Y algo importante: en Romo puedes encontrar una oferta gastronómica que sorprende. Desde bares clásicos con raciones y pintxos tradicionales bien, hasta propuestas más actuales y sorprendentes que están dando nueva vida al barrio. En un espcio tan pequeño hay mucho donde elegir.
Noche: Dos ambientes, dos planes
Cuando cae la noche, puedes elegir según lo que te apetezca.
Opción 1: Algorta y Puerto Viejo
El Puerto Viejo iluminado tiene un ambiente especial. Más marinero, más informal, perfecto para una cena de pintxos o para alargar la conversación sin prisas.
En el centro de Algorta el ambiente es animado, con cuadrillas moviéndose de bar en bar y una mezcla de generaciones que le da mucha vida.
Opción 2: Romo de poteo
Si prefieres algo más de barrio, Romo es una apuesta segura.
Aquí las cuadrillas se mezclan con vecinos de toda la vida. Es fácil acabar hablando en la barra sin darte cuenta. La oferta gastronómica sigue siendo uno de sus puntos fuertes: raciones potentes, buenas tortillas, cocina tradicional y también locales más modernos que están creciendo con fuerza.
Ese histórico “pique” entre Las Arenas y Romo —lujo frente a barrio obrero— hoy se traduce en una personalidad muy marcada que le da ese carácter especial al barrio.
Cuando llega el verano
En invierno Getxo es más tranquilo y más pausado. Pero en verano cambia completamente. El Getxo Jazz llena julio de música, y cada barrio celebra sus propias fiestas: Puerto Viejo, Algorta, Romo, Las Arenas, Andra Mari… En esta época del año es cuando se entiende del todo la identidad de barrio: conciertos en la calle, actividades organizadas por cuadrillas y ambiente popular de verdad.
Getxo no es solo mar. No es solo palacios. No es solo barrio. Es la mezcla. Y en 24 horas puedes hacerte una idea bastante completa. Aunque lo más probable es que te quedes con la sensación de que todavía te falta algo… y tengas que volver.
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