Durango no es un sitio para visitar con prisas. Se recorre, se saborea y, sobre todo, se vive.

Rodeada de montes (con el imponente Anboto vigilando de cerca) y con una identidad cultural fuertísima, esta villa es el destino perfecto si buscas una escapada de un día que lo tenga todo: un casco histórico que impone pero acoge, naturaleza a un paso y un ambiente de calle que engancha.

Si te apetece un plan redondo en el interior de Bizkaia, olvídate de las prisas y toma nota.

Así se disfrutan 24 horas en Durango:

Mañana: Historia, callejeo y un café

Empieza el día en el casco histórico de Durango, uno de los más emblemáticos de Bizkaia. Pasear por sus calles tranquilas es la mejor forma de entrar en ambiente.

No hace falta un mapa; aquí la gracia está en pasear y dejarse llevar.

Caminando te toparás con la Torre Lariz, el edificio civil más antiguo de la villa (donde durmió Isabel la Católica, nada menos), y cruzarás el Arco de Santa Ana, la única puerta de la antigua muralla que sigue en pie. Es el punto perfecto para imaginar cómo era este lugar cuando estaba fortificado.

Pero si hay una parada obligatoria, es la Basílica de Santa María de Uribarri. Su inmenso pórtico de madera —el más grande de Euskadi— es una joya del gótico y el corazón de la vida social del pueblo. Muy cerca, acércate al Museo Kurutzesantu (antigua ermita de la Veracruz) para ver la Cruz de Kurutziaga; una pieza de arte única que te cuenta la historia del municipio mejor que cualquier libro.

Durango es muy de «hacer vida en la calle». Con el paseo hecho, busca una terraza o un bar en el centro, pídete un café y disfruta del ambiente. Esa mezcla de comercio local, gente de toda la vida y cercanía es la verdadera esencia del pueblo.

Mediodía: Comer bien, sin complicaciones

A la hora de comer, Durango no falla. Aquí la gastronomía es honesta: producto local y buena mano.

Si buscas cocina tradicional vasca, acertarás seguro con menús del día muy trabajados o asadores de toda la vida. Si prefieres algo más informal, la cultura del pintxo aquí es religión. Y si te apetece algo más actual, también encontrarás propuestas modernas que respetan el producto pero innovan en el plato. Sea cual sea tu elección, comerás cómodo, sabroso y sin artificios.

Tarde: Tú eliges el plan

Con las pilas cargadas, toca elegir plan ¿Qué te pide el cuerpo?

Opción A: Cultura y arte Si quieres seguir en modo urbano, acércate al Museo de Arte e Historia, ubicado en el precioso Palacio de Etxezarreta. Es una mirada completa a la historia local y al arte vasco contemporáneo (con nombres como Chillida u Oteiza) en un entorno elegante y tranquilo.

Además,el Landako Gunea y los espacios culturales cercanos suelen acoger exposiciones, ferias y eventos durante todo el año.

Opción B: Naturaleza pura Si necesitas verde, estás en el lugar indicado. Durango es la puerta de entrada al Parque Natural de Urkiola. No hace falta ser un montañero experto: un paseo suave, acercarte al desfiladero de Atxarte o simplemente subir para ver las vistas es suficiente para reconectar.

Y aquí es donde Durango marca la diferencia: su agenda cultural.

¿En diciembre? la villa se transforma con la Durangoko Azoka, el gran encuentro de la cultura vasca, que llena el pueblo de música, libros, creatividad y ambiente.

¿En verano? el programa Uda Giro saca la cultura a la calle con conciertos, teatro, danza y espectáculos gratuitos.

¿En octubre? llegan las esperadas fiestas de San Fausto, con conciertos, cuadrillas, actividades tradicionales y un ambiente que se vive en cada rincón.

Además, eventos puntuales como romerías, ferias, actividades familiares o citas deportivas hacen que siempre haya algo pasando.

Durango no es solo bonito: está vivo.

¿En verano? El programa Uda Giro saca la cultura a la calle con espectáculos gratuitos.

Noche: Pintxopote y buen ambiente

Cuando cae la tarde, el centro vuelve a animarse. No esperes grandes discotecas ni ruidos estridentes; la noche en Durango es social y cercana. Es el momento del poteo tranquilo, de elegir un bar con buen ambiente o de sentarse a cenar sin ruido ni estrés.

Antes de irte, aprovecha para dar un último paseo y comprar algún producto local. Durango siempre deja esa sensación de haber estado en un lugar auténtico y muy fácil de disfrutar.

Una escapada corta, pero redonda. Si es tu primera vez, seguro que no será la última.

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